Bueno, pues os dejo el capítulo 1, para que os enganchéis xDD:
Capítulo 1
La sombra de la muerte
-¿Qué?- me preguntó. Como detesto a los humanos que, para demostrar sorpresa, dice ¿Quéee?, otra faceta que odio de ellos.
- Lo que has oído. Mi nombre es Kit, y soy un gato de muerte- le repetí. El muchacho mantuvo la misma cara de siempre; ojos como platos y una boca por la que, sin exagerar nada, cogían los dos ratones más grandes que me había comido en mi vida… Uhm… Ratones… Bueno, eso daba igual ahora- ¿Tienes pensado dejarme en el alféizar toda la noche?- añadí. El joven apartó un brazo, dejándome un hueco por el que escabullirme. Me lancé al interior y observé el cuarto que se extendía a mí alrededor. Justo a la derecha de la ventana, y pegada contra la pared, estaba la cama en la que dormía todas las noches mi nuevo “amigo”. A sus pies un gran baúl permanecía cerrado a cal y canto, sellado por un candado de gran tamaño. Opuesto a la cama, y colocado contra la pared, descansaba un escritorio, con una “montaña de libros” encima; la más grande que había visto en mi vida, incluso mayor que aquella que había visto cuando había visitado aquel recinto de libros… ¿Cómo le llaman los humanos? ¿Biblioteca? Sí, creo que sí, bueno, de todas formas no tiene importancia. Decorando la pared a la derecha del escritorio, un gran cartel de los que parecían ser unos músicos, le daba cierta personalidad al ambiente.
- ¿Cómo decías que te llamabas?- le pregunté, mientras terminaba de observar el cuarto. El joven apartó unos mechones de cabello que le cubrían la frente.
- Mi nombre es Patrick- dijo con cierto tono de orgullo. ¿Perdón? Yo soy un gato capaz de hablar francés y mi nombre es Kit y no por eso voy por ahí diciendo mi nombre con “orgullo”. Asquerosos humanos.
-Menos aires, chaval, que el que manda por ahora aquí soy yo…
- Eh, sí… Perdón- me desquicia ver que los humanos sean más sumisos que un propio animal. ¿No se da cuenta que es 15 veces yo? Hay veces que son peores que los perros… Agh, perros… Bueno, eso no tiene nada que ver con esto; hablaremos de ellos en otra ocasión.
- ¿Tampoco vas a preguntarme a qué he venido?- Kit, ¿qué te pasa? Demuestras impaciencia, igual que aquellos a los que tanto vienes de criticar, ¿estaré perdiendo facultades?
- Eh, claro… Pero dame tiempo. No es normal mirar por la ventana y toparte con un gato que habla… Normalmente solo siento vuestras necesidades… Pensé que sería cierta empatía con los gatos…
- Ya. Tampoco es normal toparse con un humano tan tonto como tú, y aquí estoy, aguantando la vela- ¿Eh? ¿Acabo de usar un refrán humano? Empiezo a pensar que no debería haberme tomado aquella leche que encontré por la calle…- Bueno, da igual, ¿te interesa o no a qué vengo?
- Sí, sí, claro.
- Pues quiero proponerte un trato.
-¿Un trato?
- Sí, un trato- ya sé que iba a regalarle por su cumpleaños, unos bastoncillos para las orejas; con esto ya van dos veces que me repite lo que digo- Vengo a ofrecerte el poder de matar a cambio de diversión…
-¿El poder de qué?- de verdad, empiezo a tomármelo como algo personal…
- El poder de matar, y solo te pido diversión- puse cierto énfasis en solo.
- ¿Y cómo va a darme un gato normal y corriente el poder de matar?
- Eh… Perdona, no sé en qué mundo vives, pero en el mío, los gatos normales y corrientes no hablan- Patrick se sonrojó.- Podrás matar con esto; su nombre es La sombra de la muerte- añadí señalando a lo que para mí era un brazalete negro bastante flojo. Patrick asintió sin dudarlo un segundo.
- Lo quiero… Digo, acepto.
- Oh, ¿de verdad? Seguro que no quieres pensártelo antes…-le apunté, con tono irónico.
- Oh, no, no. No necesito pensarlo más- pues resulta que me había tomado en serio. Los humanos son desquiciantes, pero es que este lo es más.
- Pues perfecto, tan solo tengo que darle un lengüetazo- acción que hice al instante. La sombra de la muerte cayó al suelo- Ahora tan solo tienes que venir hasta aquí recogerlo y ponértelo en la extremidad derecha de tu cuerpo… ¿Hace falta que te haga un mapa?- añadí, levantando la pata.
- Oh, no, no.
- ¿Pero seguro que serás capaz de seguir todos los pasos?
- Oh, sí, sí.
- ¿De verdad?
- No… ¡No me hagas dudar!- me sorprendía la facilidad con la que podía vacilar a “Patrick”. Por suerte, consiguió hacerlo todo bien. ¿Recuerdas lo que decía de: “brazalete negro bastante flojo”? Bien, pues para él era una pulsera. De ahí a que deduzcáis que estoy en los huesos (¿otro refrán humano?) y que decidiese tomar la leche que encontré por la calle… La cual, lógicamente, era la que producía estos efectos secundarios tan extraños…- ¿Cómo se usa?
- Ah, claro- al fin, la primera pregunta decente que me hacía en toda la noche- Te hace falta saber el nombre de la persona a la que quieres. Tienes que levantar la mano hacia ella, pronunciar su nombre, aunque sea en un susurro, y esta muere. Da igual la distancia a la que apuntes, siempre y cuando vayas a dar en el blanco- Patrick se acercó a la ventana. Yo corrí hasta la repisa y miré al exterior. Una muchacha, prácticamente destapada, pasaba por allí.
- ¡Guapa! Dime tu nombre que te pido por reyes- le gritó mi “dueño”, cosa que me cuesta reconocer. La muchacha le gritó un nombre demasiado francés para mis oídos. El joven levantó la mano y le apuntó. Susurró su nombre, y la Sombra de la Muerte comenzó a girar en su muñeca. Unos segundos después, la muchacha era atropellada por un camión.
- Me gusta este poder- afirmó el francés. Por muy tonto que fuese, tenía la sensación de que me divertiría… y más tarde comprobaría que no me equivocaba.
Bueno, ¿qué os parece?